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Textos Críticos

“Habitar” 2024 de la artista Cristina Mazzucchelli

“La casa se estrechó contra mí como una loba, y por momentos sentía su aroma descender maternalmente hasta mi corazón. Aquella noche fue verdaderamente mi madre.”


Gastón Bachelard


¿Es posible transitar un hábitat sin sentirlo apropiado? Esa pregunta se instaló en mi al momento de comenzar esta serie, Habitar, en el año 2020. El contexto era poco alentador, comenzaba la pandemia y la necesidad de recluirse en el propio hogar se volvió vital.
En un trabajo introspectivo, inquietudes respecto al lugar donde anidamos fueron despertándose en mi interior, donde pude dar con una vaga respuesta a mi pregunta: nunca sentí propios los espacios que habité. Esa afirmación me producía cierto desasosiego, como una sensación de desarraigo difícil de fundamentar. De ese modo, fui tejiendo una trama de interrogantes y revelaciones sobre las nociones del hogar, la casa: nuestro primer mundo antes de ser lanzados al mundo. La casa como guarida, como el útero protector que nos engendra y también cobija.


En ese entonces, di con el texto La poética del espacio del filósofo francés Gastón Bachelard (1884-1962) cuyas frases seleccionadas de su ensayo titulan las obras de esta serie. Como un claro en el camino, a través de sus escritos pude comprender cómo nuestro espacio es habitado de acuerdo a las dialécticas de la vida.


El filósofo planteaba, entonces, a la casa como personificada en una madre protectora que da paz y calor; pero también como una arquitectura de las etapas de la vida. Del sótano a la guardilla, nos apropiamos de los diferentes espacios de la casa acorde a nuestro acontecer en el tiempo. Son estos sitios de la casa los que se me fueron develando en mis pinturas como cubículos, con límites blandos, difuminados y agrupados entre sí.


El hogar, en estos años pandémicos, se volvió el nido más seguro. El afuera, por su lado, se presentaba amenazante, aunque también, se sentía su llamado imperioso por ser abordado nuevamente. En ese afán, las ventanas de la casa ocuparon su rol integrador y, al observar inmersa a través de ellas, las imágenes que me devolvía el jardín perdieron su forma y se tradujeron en manchas de color que mermaron sobre el lienzo. Algunas de ellas gestaron los cubículos; otras, se plasmaron libremente.


Henri Matisse, en un intento por justificar sus paisajes vistos a través de ventanas, afirmó: – “Mi sentido del espacio es uno solo desde el horizonte hasta el interior de mi taller; el barco que pasa a lo lejos habita el mismo espacio que los objetos cotidianos de mi alrededor, y la pared de la ventana no crea dos mundos diferentes.”2 En línea con el pintor fauvista, pude integrar el espacio interior y exterior de la casa, ahora sí, habitándola como propia.


Texto escrito por Cristina Mazzucchelli y editado por Lic. Julieta Pons.

La revelación consiste en perderse por Julieta Pons

La posibilidad de expresar lo esencial de una cosa significa prescindir de lo irrelevante. Cristina recurre al primitivo proceso de abstracción para convertir en materia un sinfín de manifiestos interiores, imposibles de clasificar.

La serie «Perderse» (2022) se gesta con la intención de recomponer fragmentos de una amnesia temporal que la artista sufrió; aunque, ¿cómo recuperar aquello que no se conoce? Ausente de sí, y como un acto de fe, debió creer en esos relatos ajenos que intentaron, sin éxito, rememorar discusiones, sitios, miradas y sueños de un momento que quedó por siempre encriptado en un vaciadero de imágenes
sin raíz.

La artista afirma que su único aliado en rescatar alguna resonancia es el color. Recuerda y orquesta en manchas de color. La carencia de cualquier evocación descriptiva de sus memorias, parece dotarla de una libertad que la separa de la
representación fiel de un motivo forzoso.

Así, los papeles son susceptibles a ser ensayos de esa reconstrucción para luego ser el lienzo el que cobija la experiencia más abrumadora.

Mayo 2023, Curadora Julieta Pons.

DIÁLOGO. Entre el caos y el silencio por Blanca Monzon

Las pinturas de Cristina Mazzucchelli parecen absolutamente abstractas. Están -de hecho- basadas en experiencias o encuentros. Sus series insinúan una posible narrativa, pero pronto se esconden tras las capas de color y las superposiciones de las marcas de la brocha, que devienen tan variadas como las palabras de un vocabulario. Una técnica suelta y expresiva trata de representar la experiencia completa de hallarse en el paisaje, llenando la visión del espectador con una abrumadora sensación de color. Trabajando con las manos la materia sobre la tela, como un modo de enfatizar para sí misma, el acto o el proceso de pintar. A diferencia de su anterior pintura donde tiende a no haber relación entre las partes separadas y la composición; la superficie ahora es entera, uniforme y suave, y presenta un campo “holístico”. El campo unificado de color saturado y la gran escala del lienzo contribuye a que el espectador se sienta totalmente rodeado por la obra. Allí se establece una especie de entendimiento dramático e incluso físicamente efectivo, en el cual la extensa superficie del lienzo, y el intenso color, sugieren algo que va más allá del aspecto físico de la propia pintura. En las que esta presente siempre el negro de manera significativa, como un modo de marcar el ritmo entre una y otra imagen, con la idea de establecer un posible diálogo entre el caos y el silencio…y donde, trazos categóricos manifiestan una afinidad espiritual con el arte primitivo y arcaico. Reivindicando por momentos las formas planas y el plano del cuadro.

Sabemos que apuntalar la abstracción extrema de la obra, representa un deseo constante que remite a transmitir al espectador tanto su sentimiento, como su significado.

Cristina Mazzucchelli insiste en esta estrategia como un modo de darle forma a esos sentimientos, que surgen cada vez que nos enfrentamos a lo incognoscible.

Blanca María Monzon – Curadora
Buenos Aires, Argentina. 2017

Entre el caos y el silencio. por Rebeca Mendoza

La pintura de Cristina Mazzucchelli se gesta en su interior, es una pintura genuina en su desarrollo y un camino de honestidad en su estética. Podríamos situarla dentro del amplio espectro del expresionismo abstracto.
Cristina elabora sus superficies con una fuerte intervención corporal. Trabaja con la acción, con el cuerpo, con la adrenalina que surge entre ellos. Es intensa y, en muchos casos, resuelve la composición directamente hundiendo sus manos en la materia —el acrílico— para aplicarla sobre la tela sin dubitaciones ni vuelta atrás. Esta manera tan arriesgada de trabajar deja vibrando sobre la tela partículas vivas de sus emociones, de su intensidad, de su sentir, de su palpitar en la obra. El negro, dominante en sus planteos, oficia de protagonista no solo en los planos principales, sino en los grafismos presentes, cuyos diálogos generan textura y tensión en la composición.


La artista toma su formación académica para romperla y genera una dialéctica personal que da vida a su estética. En una paleta austera, como ya mencioné, con el negro como protagonista, Cristina lleva a los extremos la tensión de sus gestos. En sus cuadros, podemos percibir un juego de seducción entre la unión y la desintegración, que nos permite ver dos caras de una misma realidad.
La obra de Mazzucchelli es espontánea en su resolución, intensa en su caudal, intuitiva y auténtica. En su propuesta, los planteos plásticos —perspectiva, tensión, movimiento, grafismo— se ponen en escena como consecuencia natural de la manifestación de energías impulsivas, todo esto trabajado desde la libertad consciente de la artista.


Su proceso es adrenalínico, es un juego en el que el vértigo y la emoción, motor y  combustible de su búsqueda, generan un diálogo fértil entre el caos y el silencio.

Rebeca Mendoza
Artista Plástica
Buenos Aires, Argentina. 2017